domingo, 7 de mayo de 2017

Artículo: La Revolución Bolivariana le cambia el “look” a Morón

En este pueblo carabobeño se inició la campaña contra el paludismo en 1945


TyF/ Manuel Abrizo L a primera rociada con DDT que se hizo en Venezuela contra el zancudo transmisor del paludismo ocurrió en un rancho insalubre de Morón el 2 de diciembre de 1945. Diez años después, en el sitio donde estaba la casucha, se construyó un monumento en homenaje a aquella iniciativa sanitaria con que se inició la campaña antimalárica en nuestro país, para erradicar un mal que había causado miles de muertes y acabado con pueblos enteros. Al lado del obelisco, sobre una base cuadrada, yace simbólicamente un zancudo metálico exterminado por el insecticida. Para los moroneños, este monumento ubicado cerca del cruce de avenidas llamado La Encrucijada, en el centro del pueblo, constituye un punto de referencia, de encuentro o de citas. “Nos vemos en El Zancudo”, dicen. 

El profesor Alexis Coello, cronista de Morón, citando a Gonzalo Palumbo, orador de orden el 2 de diciembre de 1987 durante los 52 años de la rociada, señala que fue el doctor Enrique Tejera, presidente para entonces del estado Carabobo, quien mostró interés por adquirir el insecticida. Tejera logró conseguir una pequeña porción por intermedio de la firma “Ernesto París C.A” con la que la división de Malariología hizo los primeros ensayos. París solicitó a Malariología que iniciara la campaña en Morón, uno de los pueblos con mayor presencia de la epidemia. En el mes de octubre de 1945, el gobernador recibe el insecticida, lo coloca en su automóvil con la intención de entregarlo al Instituto de Malariología, con sede en Maracay, pero el 18 de octubre ocurre el golpe de Estado contra el presidente Isaías Medina Angarita. París fue detenido ese mismo día en Miraflores. Le decomisan el insecticida. El 29 de noviembre de 1945, la División de Malariología recibe una porción de DDT que había sido importado por la casa Insecticidas Mundiales C.A. 
El 2 de diciembre se fumiga el primer rancho. “Años después, en Venezuela se había logrado interrumpir la transmisión y erradicar el paludismo en más de 470.000 km cuadrados de los 600.000 de territorio infestado”, indica el cronista. Coello relata como otro hecho de importancia que el general Ezequiel Zamora pasó por Morón y libró dos importantes batallas en 1859, en las cuales demostró su genio militar. Además, 400 moroneros se sumaron a su ejército, entre ellos Juan José Mora, epónimo del municipio, quien peleó en la Guerra de Independencia, participó en la toma del castillo de Puerto Cabello, y se batió en Santa Inés bajo el mando de Zamora. A Juan José Mora lo acompañó su hijo José Félix Mora, quien fué gobernador del estado Carabobo. 

EL LOOK MORÓN 

Alexis Coello define Morón como una encrucijada en la que, viniendo de Valencia o Puerto Cabello, se accede al estado Falcón, al norte, o a Yaracuy y Lara, ya sea por la vía hacia Urama o por la autopista Andresote, cuyo distribuidor, inconcluso desde la era “puntofijista” fue terminado e inaugurado meses atrás por el Gobierno Nacional. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez arrancan los estudios dirigidos a desarrollar la industria petroquímica. Se concluye que Morón es el sitio ideal para instalar la fábrica por su ubicación privilegiada, cercana a un puerto (Puerto Cabello), acceso al norte del país y al occidente que facilita la entrada a los llanos y a los andes. La construcción de la petroquímica, señala el cronista, produjo una reacción en cadena. 

En los años siguientes se instalaron Venepal, la Corporación Venezolana del Petróleo, CVP; la industria militar con Cavim; y otras industrias mixtas como Ferralca, Tripoliven, En los años 70 entró en servicio Planta Centro, en su momento una de las más modernas generadoras eléctricas de Latinoamérica. En 1963, la Volkswagen inició el ensamblaje de vehículos en Morón. “Hubo un cambio violento en el uso del espacio”, asienta Coello. “De una aldea agropecuaria se convirtió en una zona industrial de un modo rápido, lo cual demandó mano de obra. Vino una gran inmigración sobre todo falconiana y yaracuyana. Se acomodaron aquí donde pudieron. Hacían ranchos de tabla y cartón. Se formaron barrios provisionales en todas partes. Los potreros se convirtieron en caseríos de la noche a la mañana. Alrededor del casco originario se creó una barriada periférica que daba una mala imagen. Hasta los años 70 estos eran prostíbulos, bares”. 
Un artículo de Luis Britto García publicado el 14 de septiembre de 1997 en el suplemento Feriado, del diario El Nacional, produjo una gran conmoción entre los moronenses. El escritor dijo que “Morón es quizá el pueblo más feo de la tierra, tiene un monumento al último anófeles y sus habitantes usan exquisitas cholas de plástico con pantalones Príncipe de Gales, todo de plástico en mano, lentes tornasol y gorros tejidos multicolores. Con menos que eso se impuso el Punk. Con el “Moronlook” en la indumentaria y el “Chiveralook” que caracteriza el desastre urbanístico de la ciudad, estoy seguro que podemos convertirnos en reyes de una estética del desplome neoliberal”. Aunque el artículo de Luis Britto García guarda en su trasfondo una crítica al modelo de desarrollo capitalista y los estereotipos que engendra, en Morón cayó como un balde de agua fría. A García lo invitaron a que viniera a Morón para que cambiara de opinión. 
“Nosotros somos como un híbrido. Lo afrodescendiente nos define. Se escucha mucho el tambor, la fiesta de San Juan. Hay mucha mezcla. Las encrucijadas y los puertos tienen esas características”, indica Coello. Douglas Donaire, un activador, miembro del gabinete de cultura local, asegura que la “Revolución ha hecho grandes cosas en el municipio Juan José Mora”. El aporte de las misiones educativas ha sido inmenso, como extraordinaria la construcción de viviendas. Estima en más de tres mil casas entregadas en los sectores de Urama, Alpargatón, Las Casitas, Palma Sola, en terreno de Invepal con Petrocasas. “Palma Sola que antes de la llegada del comandante Chávez era una comunidad de apenas 450 habitantes, hoy tiene una población de 20 mil. Con Barrio Nuevo Barrio Tricolor se han reparado las casas que no servían. Además de eso, antes ni soñábamos con tener un CDI y un SRI. En Urama hay otro CDI. En Palma Sola tienes un Barrio Adentro, en Banco Obrero tienes un Barrio Adentro. Hoy Morón cuenta con un moderno terminal terrestre. Los ranchos y la marginalidad van quedando atrás”, asienta. 

Donaire trabaja en el gabinete estadal en la Casa de la Cultura, dependiente de la gobernación de Carabobo, ubicada a unas dos cuadras de la plaza Bolívar y es miembro de un colectivo que hace vida en la Casa de la Cultura Popular Alí Rodríguez. La Casa de la Cultura Popular Alí Rodríguez, funciona, desde hace 45 años, en los espacios de un antiguo galpón de lo que era un cine. “Este es un sitio comunitario, de encuentro de colectivos. En un segundo piso está la Radio Libre Viento Sur, 88.5 FM, y una pequeña salita de cine llamada Enrique Herrera con capacidad para 30 personas. Todos los viernes a las 5:00 pm se pasan películas. Abajo está el Club de Lectores Samuel Jaime, con las tres modalidades para que el libro circule: préstamo, intercambio y venta. Los de la cultura somos los mismos y somos poquitos”, señala Donaire. Por la plaza Bolívar, donde a veces llega la brisa marina trayendo el olor a pescado, señalan que hay un problema grave con la delincuencia. Los ladrones tienen azotada a la Casa de la Cultura. Por ejemplo. 

DE LOS CUMBES A ZAMORA 

Alexis Coello detalla que en la época colonial, lo que hoy es el municipio Juan José Mora, conformado por Morón y la parroquia Urama, era un suburbio de Puerto Cabello, ocupado por unas seis o siete haciendas de cacao, cuyos propietarios residían en Valencia o Caracas. La ubicación costera de Morón facilitaba en el pasado el comercio y el contrabando con las islas holandesas. A raíz de la instalación en Puerto Cabello de la Compañía Güipuzcoana, a la cual la corona española le otorga el monopolio del comercio, se inicia la persecución del contrabando. En 1730 o 31 se produce la rebelión de Andresote, dedicado al comercio con los holandeses. La rebelión fue sofocada. Andresote huyó a Curazao. Morón igualmente fue una zona de cimarroneras. En las montañas del río Morón, del río Sanchón, de Alpargatón y Urama se formaron cumbes, que eran caseríos construidos por negros rebeldes que huían del látigo del amo. En esos cumbes tenían sus propias leyes, elegían un rey y adoraban sus propios dioses africanos. “En las noches silenciosas se oían en la montaña los gritos y cantos y los rezos. La población originaria de Morón es afrodescendiente, gente que mantiene su cultura del tambor, y su devoción a San Juan. Sus creencias se han conservado. Incluso, en la forma de hablar hay elementos, vocablos africanos y en la gastronomía se tienen cosas que se manifiestan en este pueblo de Morón. –¿Qué se mantiene en gastronomía y el vocabulario? –En gastronomía la cuestión del plátano en su forma de elaborarlo; se usa la hoja del plátano. En el vocabulario, lo notamos en los acentos de las personas sobre todo en las más viejas, de origen afrodescendiente. 

Tenemos otra gran mezcla que es la del falconiano. Yo digo que el plato que acompañaba al salao primero era el plátano y ahora es la arepa que vino más que todo con los falconianos, la arepa coriana. A Morón llega durante la Guerra Federal, proveniente de Falcón, el general Ezequiel Zamora el 23 de marzo de 1859. Aquí se le suman 400 moronenses. Zamora pasó por Mirimire, El Tocuyo, Tucacas, Chichiriviche. El general cruza el río Yaracuy, que delimita con Falcón, y de este lado derrota a las fuerzas godas. Luego en la Batalla de El Palito infringe una nueva derrota a las tropas gubernamentales. Zamora demostró sus dotes de estratega militar al caerles sorpresivamente. Posteriormente regresa a Morón y parte hacia occidente. Juan Crisóstomo Falcón, quien regresa de Las Antillas a Venezuela 24 de julio de 1859, desembarca en Palma Sola. Allí pronuncia su famosa proclama. “Realmente fue marcada la participación de los moroneros en la Guerra Federal, muchos de ellos regaron con su sangre los campos de batalla de Barinas, por donde pasó la tolvanera de Ezequiel Zamora”, indica Alexis Coello

LAS LAGRIMAS DEL RECUERDO 

Don Adán Rafael Bolívar vivió en su ni- ñez en la estación del ferrocarril Bolívar, por allá por 1945 hasta 1957; su hermano Eusebio Bolívar era el encargado de la estación. El tren pasaba por Morón, Puerto Cabello, El Palito, regresaba a Morón y continuaba hacia Urama, San Pablo, el Central Lucilda, Palma Sola (en Falcón), Las Minas de Aroa. Señala Bolívar que en 1952 se inició el desmantelamiento del ferrocarril Bolí- var cuando construyen la línea que une Puerto Cabello con Barquisimeto. En 1957 entró como ayudante de soldador a trabajar en Venepal, perteneciente al Grupo Mendoza. Recuerda que en 1965 le nació el primer hijo al gerente Adán Celis, quien sería después presidente de Fedecámaras.

Como don Bolí- var era aficionado al dibujo, Celis lo llamó para que le hiciera un cartel de invitación a los obreros “a tomarse los miaos”. Después, la empresa lo becó en Caracas para estudiar dibujo publicitario. “Hice un curso extensivo de cuatro meses. Estudiaba en la mañana y en la tarde. Todos los viernes yo cobraba mi sueldo. En diciembre el doctor Iván Arias fue al instituto a llevarme mi aguinaldo”, señala don Bolívar y se seca las lágrimas con un pañuelo. De Venepal se jubiló en 1972. Después trabajaba con instituciones, haciendo dibujos o los logotipos en los tanques de la industria petrolera. Don Bolívar, nativo de El Tocuyo, cercano a Tucacas, es un libro andante, reconocido como un cronista popular. “Le agradezco mucho a Morón. Aquí tuve mi primera experiencia de trabajo, me casé”, confiesa. Se seca las lágrimas con un pañuelo.

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