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lunes, 31 de agosto de 2020

El presidente de la paz Nicolás Maduro




“El camino no es la sangre, la violencia, la intolerancia, ni el odio, el camino es la paz, el respeto mutuo, el abrazo, la coexistencia, la convivencia, paz, paz y más paz, esa es nuestra canción”.
Expresaba el presidente de la República, Nicolás Maduro, para llamar a no caer en agendas violentas. De esto han transcurrido tres años y el pensamiento pacifista tiene más vigencia que nunca.

Precisamente en el transcurrir de la historia de la República, que lleva consigo las coyunturas políticas y sociales, de manera expedita sobre los hombros de Nicolás Maduro, se escribe una nueva página: el Decreto de Indulto Presidencial de este 31 de agosto de 2020 – el primero en su gobernanza- a 110 venezolanos y venezolanas  que estaban en deuda con la justicia de la nación. Muchos de ellos, protagonistas o cerebros de acciones violentas, terroristas y golpistas, inclusive buscaban su muerte. Un perdón, como muestra de resistencia, ante el odio de unos pocos.

Inspirado en el legado de paz y Bolivarianismo, que inscribió el Comandante Eterno Hugo Chávez, en el año 2007, cuando indultó a los involucrados en el golpe de Estado de 2002, Maduro, consolida las alamedas del diálogo, el reencuentro y la unión nacional. La ética política se pone de manifiesto para rechazar la violencia y deshacer el juego imperial con táctica y estrategia.

A modo particular, Maduro, quien ha estado en resistencia durante los últimos siete años, cuando ha tenido que soportar una guerra multiforme de la marca del hegemon imperial – casi como ningún presidente en el planeta- hoy con este indulto, le da un ejemplo al mundo que grita el rechazo a la injerencia extranjera. Somos capaces de dirimir nuestras propias diferencias y eso es soberanía.

Soberanía es y será, ganar un proceso democrático, amplio y con las mayores garantías de participación de todos los sectores políticos este 6 de diciembre, para que el pueblo decida, quienes lo van a representar en el Poder Legislativo. Soberanía que es defendida con la paz, por Nicolás Maduro, ante la arrogancia de Washington que busca un modelo de dominación neocolonial.

Esta acción constitucional, comparada en sí misma con un acto de paz, podría ser expresada por Mahatma Gandhi, en alusión al arrojo de un hombre con pensamiento humanista: “Un cobarde no es capaz de mostrar amor; hacerlo está reservado solo para los valientes”. Maduro, siempre valiente.


En contexto, el diálogo y la paz, han sido las banderas de la Revolución Bolivariana. La paz como acción intrínseca del ser humano y no como un simple sustantivo.

En sus primeros años de gobierno, Maduro ha demostrado con su discurso pacifista, pero firme, que sobre ello se cimienta su sistema político y las relaciones diplomáticas que emprende con otras naciones, práctica de la que han sido testigos los más de 30 millones de venezolanos que residen en el país, así como los ciudadanos del mundo.

En su agenda se inscriben más de 600 llamados a diálogo a la derecha venezolana, “dónde, cómo y cuándo quieran”, además de las convocatorias a mandatarios que han atacado abiertamente al país, con el único propósito de contribuir en la conformación de un “mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria”, tal como lo planteó el líder revolucionario, Hugo Chávez, en el IV objetivo histórico del primer Plan de la Patria y esencial en la conformación del segundo Plan, Programa de gobierno presentado por el Mandatario Nacional para el periodo 2019-2025.

Ya en 2002, siendo diputado del parlamento nacional, Maduro llamaba a “promover respeto y valores de paz que puedan acercar las posiciones que hemos tenido confrontadas hasta los sucesos de abril”, ello ante las posturas de sectores de la extrema derecha que catalogaban de violentos y delincuentes a otros connacionales por el simple hecho de mantener una visión de país diferente.

“Ahorita estamos alertando de que ese tipo de cosas (hechos violentos del 11 de abril) se van a intentar como parte de un espiral para buscar un nivel de desestabilización, siguiendo ese manualito que se ha venido aplicando para Venezuela (…) Depende de la voluntad real de qué queremos para el país y de la promoción de valores de paz, de cambio y los medios pueden jugar un gran papel”, recalcó en esa oportunidad.

Esta declaración, entre miles, fijó posición sobre la ruta desde la que hacía dos años transitaba la Revolución Bolivariana.

Hasta ahora, las agresiones del imperio norteamericano encabezan la lista de países imperiales que no toleran a las naciones decididas a ser libres y en 2015, el exmandatario Barack Obama, firmó un decreto en la que colocaba a Venezuela como una amenaza, misma que extendió por un año y que en 2017 y ahora con más vehemencia  Donald Trump, amplía junto a los políticos nacionales genuflexos y saqueadores.

A estas embestidas se han unido los miembros de la Unión Europea y los países del Grupo de Lima, entre ellos Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, quienes buscan arrebatar las riquezas país y pretender convertirlo “en su patio trasero”.

A pesar de ello, el Dignatario no ha desmayado ni se ha alejado de sus inquebrantables valores en favor de la paz y emulando a políticos reconocidos por su lucha en pro de la independencia y la práctica de la desobediencia civil no violenta, como Mahatma Gandhi, continúa precisando que “si queremos soñar en una civilización humana que dialogue y se respete mutuamente desde su cultura, desde sus conceptos políticos, económicos, desde su diversidad y de su diferencia, hablemos del desarrollo de una agenda de paz”, porque “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.


/ Prensa Presidencial

 

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