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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Las distorsiones tras la convivencia de dólares y bolívares, telaraña que enreda a los más expertos





Rosario Martínez tomó un carrito por puesto en Galerías, avenida La Limpia de Maracaibo, y se subió sin preguntar el costo del pasaje. Cuando el conductor le dijo que eran 150.000 bolívares  lo mandó a detener de nuevo  para bajarse, pues aseguró no tener esa cantidad en efectivo.

Tengo un billete de 10 dólares. Si tienes vuelto, te pago con eso”, dijo la mujer al conductor tras informarle este que también aceptaba pago en divisas. Al escucharla, aceleró de nuevo sin detenerse.

La mujer le entregó el billete y le preguntó si, además de cobrarse el pasaje, le podía cambiar cinco dólares por moneda nacional. “Por supuesto, señora”, le respondió el chofer con entusiasmo.

Pero allí mismo comenzó un toma y dame verbal entre ambos pues el conductor le cambiaría a razón de 250 bolívares en efectivo por dólar, es decir, la transacción le dejaría a la señora  1.250.000 bolívares por cinco dólares.

Martínez quedó pensativa un rato, sacando cuentas mentalmente y reaccionó: “¿Pero cómo me vas a dar mil doscientos cincuenta (1.250.000) si el cambio está a 370 (370.000) bolívares por dólar en página?”, preguntó la mujer echando mano de ese lenguaje tan zuliano que reconvierte las cifras en bolívares quitándole otros tres ceros.

“Señora, eso es en página, por transferencia, pero aquí es en efectivo. No se cambia igual”, explicó el chofer a la usuaria que no entendía la diferencia en la transacción.


Ella comenzó a sacar cuentas con la calculadora del celular convencida de que esa no era la cantidad de bolívares que le correspondía por los cinco dólares. “Me tienes que dar 1.850 (1.850.000)”, le advirtió al chofer. Este, con la paciencia agotada, le dijo que esa era su última oferta y le devolvió el billete.

La mujer insistió para que le pagara un poco mejor. “Págamelos a 300 al menos para no perder tanto”, dijo

Pero el chofer se mantuvo firme. “Yo estoy buscando unos dólares para comprar gasolina y no lo puedo pagar a más de 250. Le quería hacer el favor, pero si no le sirve, la dejo aquí. Se lo estoy pagando igual que en Las Pulgas o en la Curva”, sentenció

Martínez, visiblemente molesta, lo mandó a detener y se bajó tras lleva varios minutos rodando. “Lo que quería era la cola”, dijo el conductor en voz alta. Los demás pasajeros sonrieron.

El episodio dibuja una parte de los múltiples dolores de cabeza que sufre el ciudadano de a pie con la dolarización de facto, que vive el país.

La alegría de recibir uno o varios billetes de los verdes pronto se le convertirá en trauma pues con ello le sobreviene una serie de obstáculos, muchos, difícil de saltar.

Las distorsiones que se producen tras la convivencia de dólares y bolívares en la maltrecha economía venezolana generan una gigantesca telaraña que enreda a los más expertos, en todos los estratos, producto de una situación inesperada, que cobró impulso en lo que va de 2020.

La mayor afectación recae en aquellos receptores de pequeñas remesas, que sus familiares le envían del exterior y no pueden sacar el mayor provecho de ello pues al salir a la calle se consiguen con la voracidad de un mercado, que no solamente minimiza el bolívar, sino que arrebata buena parte del valor a las divisas.

En la zona comercial de la Curva de Molina, David Áñez, comerciante, se queja por el bajo flujo de dólares en su negocio a sabiendas que abundan en la calle y pasan de mano en mano frente a sus narices.


/ Panorama

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