El arte se transformó en un derecho social. En las zonas populares conocen a Mozart y Beethoven, niños interpretan sus piezas dando al traste con el dogma que relegaba la alta cultura musical a unos pocos privilegiados.

El monopolio de la élite se quebró. La música se convirtió en un instrumento de liberación, inclusión y progreso; una alternativa sustentable de educación y paz al servicio del hombre.

El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles nació el 12 de febrero de 1975, por iniciativa del músico venezolano José Antonio Abreu, un economista y educador que prometió masificar el aprendizaje de la música, bajo una visión ética y espiritual para la formación de individuos integrales.

Su idea fue respaldada por el comandante Hugo Chávez, quien el 24 de noviembre de 2007, creó la Misión Música, programa social con el cual se consolidaba el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela.

“No tengo la menor duda, muchachos y muchachas, de que ustedes son el amanecer de la Venezuela de la igualdad, el amanecer de esa gran Patria llena de libertad y de gloria, llena de música, llena de colores y de felicidad”, expresó el líder bolivariano al momento del lanzamiento de este programa con el cual se extendían programas académicos y se promovía la proyección internacional de los músicos venezolanos.

“El Sistema rescató, desde sus inicios, la visión del individuo en colectivo, del ser que expresa la belleza a través de la práctica musical en sociedad”, afirmó Abreu en una entrevista a la revista Cambio 16, de fecha 03 de marzo de 2015.


Abreu comenzó con 11 discípulos, aunque seguramente fueron muchos más. La historia no cuenta sobre las madres que veían en la música una opción contra la violencia o sobre los hermanos, primos y amigos que soñaban con los aplausos al término de un concierto en Los Ángeles o Viena.

La población humilde tenía la puerta abierta. El Sistema llegó en forma de pequeños conservatorios a las comunidades más desfavorecidas, donde los niños y jóvenes recibían un instrumento musical y educación gratuita.

En las aulas adquirían disciplina y hábitos de estudio. Los pequeños estudiantes aprendían de tolerancia, solidaridad y perseverancia; eran formados para buscar la excelencia. Esta visión persiste en los núcleos y módulos del Sistema.

“En la Orquesta y los Coros se pulen esos valores, actitudes y conductas positivas, fortaleciéndolos diariamente con el sano mérito y la fe en el ‘sí puedo; nada es imposible’. Allí nacen individuos que se suman al colectivo, buenos ciudadanos para la sociedad y el mundo, espíritus ricos en belleza, seres defensores de la unión, ejemplos dignos para el país y para el mundo”, subrayó Abreu a Cambio 16.

La idea del maestro Abreu convirtió a Venezuela en referencia mundial, ahora no se le conocería sólo por el petróleo, sino también por un programa social y cultural que, sin distinción, se estableció en todos los sectores y estratos de la sociedad.

Hoy del 1.012.077 integrantes del Sistema, 66% proviene de hogares de escasos recursos económicos, mientras que 34% pertenece a zonas urbanas con mejores posibilidades de acceso.

De acuerdo con cifras de Fundamusical, existen 443 núcleos y 1.704 módulos distribuidos a escala parroquial, municipal y estadal; adicionalmente están conformados 1.772 agrupaciones de iniciación musical, 1.722 agrupaciones orquestales, 1.426 agrupaciones corales y 694 agrupaciones de Alma Llanera.

El Sistema también trasciende nuestras fronteras. A través de la Misión Música, Venezuela se convirtió en referencia mundial al inspirar a más de 40 países de los cinco continentes a establecer núcleos orquestales y programas de enseñanza musical demostrando que es una alternativa real y sustentable de educación, progreso y paz.

Otras experiencias se registran como una luz al final del túnel. Se trata del Programa Académico Penitenciario, que acoge a hombres y mujeres privados de libertad, quienes reciben la instrucción musical que les permite incorporarse en orquestas o coros, donde afloran las oportunidades y el alma se recrea.

También el Sistema incorpora a niños o jóvenes con diversidad funcional o discapacidades físicas y cognitivas como una muestra de la verdadera inclusión social sin precedentes en la historia.

Para los integrantes, el Sistema es un proyecto de vida y van enarbolando las banderas de la victoria y con ello representan a Venezuela como los embajadores de la paz, mientras reciben reconocimientos como el Premio Príncipe de Asturias de las artes y el Premio Internacional de música UNESCO, entre muchos otros.

Trabajadores y trabajadoras, así como el cuerpo docente con su experiencia y entrega académica hacen posible un sueño, el mejor de todos, recrear al ser humano en sus propias capacidades.

Con el apoyo del Gobierno Bolivariano, el Sistema Nacional de Orquestas, lleva una carta de navegación segura y coloca en el centro al humano.

Con la Misión Música, Venezuela avanza a paso firme en la conquista de la meta de 2 millones de integrantes del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles al año 2025, procurando no solo su expansión como modelo formativo y humanista, sino como plataforma de organización social de garantía para la construcción de un mundo mejor.

/Prensa Presidencial