receta para un capricho casero de verano


La dificultad de la receta está más bien en el tiempo que requiere, ya que son varios procesos con sus tiempos de congelación, y el paso realmente más complicado es el baño final de chocolate. Pero yo creo que el resultado merece la pena, me ha permitido hacerlos sin lactosa usando un chocolate de buena calidad y ajustar el punto dulce a mi gusto. Es una actividad perfecta para pasar una tarde en compañía y disfrutar relamiendo los restos de chocolate que nos quedarán.

Ingredientes: Para 6 unidades
  • Nata líquida para montar mínimo 35% de materia grasa 200 ml
  • Leche  320 ml
  • Maizena 20 g
  • Sal 1 g
  • Vainilla en vaina 1
  • Miel 5 ml
  • Azúcar (o un poco más si somos muy golosos) 65 g
  • Chocolate negro de calidad para la cobertura 200 g
  • Mantequilla 10 g
Dificultad: Media
Tiempo total  55 m
Elaboración   45 m
Cocción         10 m
Reposo          3 h

Preparacion:

Separar medio vaso de la leche fría y disponer el resto con la vainilla, la nata, la sal, el azúcar y la miel. Calentar sin llevar a ebullición y dejar que infusione a fuego lento. Desleír la maizena en la leche fría y añadir al cazo. Cocer a fuego lento removiendo constantemente con una cuchara de madera o unas varillas, durante unos tres minutos. Apartar del fuego y dejar enfriar.

Colar y poner en un recipiente de cierre hermético, no muy profundo. Congelar durante dos horas, picando o rascando el hielo cada 30 minutos con un tenedor para que no se formen tantos cristales. Llenar entonces los moldes elegidos, colocar los palitos y congelar al menos dos horas más, mejor toda la noche.

Derretir el chocolate negro al baño maría, añadiendo la cucharadita de mantequilla al final. Remover con suavidad para evitar burbujas y con cuidado de que no entre agua. Llenar un vaso o similar, un recipiente profundo en el que podamos sumergir los helados. Dejar enfriar hasta unos 40ºC, no debe quemar al tocarlo con el dedo. Preparar una bandeja pequeña o plato con papel film y llevar al congelador.

Sacar un helado cada vez y desmoldar mojándolos en agua tibia unos segundos si fuera necesario. Sumergir en el chocolate rápidamente, dejando que escurra un poco el exceso y dándoles la vuelta enseguida. Lo normal es que se solidifique casi al instante. Disponer los helados en la bandeja preparada a medida que los vamos bañando.

Para conservarlos mejor, una vez hayamos terminado podemos envolver individualmente cada helado en plástico film y guardar en el congelador hasta su consumo.