Por su versatilidad como cultivo y las extraordinarias propiedades que posee para ser utilizada en la alimentación de personas y animales, además de sus potencialidades industriales, la yuca ha sido declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), como el alimento del siglo XXI.

El tubérculo, que es fomentado por entidades y campesinos en más de cien países del mundo, posee raíces ricas en hidratos de carbono, mientras que sus hojas tiernas contienen hasta un 25 % de proteínas, además de hierro, calcio y vitaminas A, B1, B2 y C.

Especialistas de la FAO aseguran que, por su composición, la yuca es capaz de liberar la glucosa más lentamente en el cuerpo, logrando que no haya picos de azúcar, lo que hace que la digestión se realice con mayor facilidad y el organismo mantenga altos niveles de energía durante un tiempo más prolongado, lo cual la convierte en un alimento que puede ser consumido por las personas celiacas.

Otra de las razones que impulsan su alta demanda en el mundo es el elevado nivel de los precios de los cereales. Esto la convierte en una alternativa atractiva para sustituir al trigo y al maíz, en especial, porque de la yuca se obtiene una harina de alta calidad, que puede usarse como sustituto de ambos productos.

Para tener una idea de la aceptación que alcanza este noble cultivo, baste decir que la producción mundial del tubérculo se ha incrementado en un 60 % desde 2000 a la fecha, tendencia que continuará acelerándose en los años venideros, lo cual constituye un reconocimiento de las autoridades y especialistas de diferentes países a su enorme potencial.

¿QUÉ OCURRE EN CUBA CON LA YUCA?

Nuestro país no ha estado exento del boom del cultivo de la yuca, señala un avezado como el doctor Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto Nacional de Investigaciones en Viandas Tropicales (Inivit), un convencido de la necesidad de fomentar cada día más la siembra de ese tubérculo.

«En nuestras condiciones de país cercado, y con fuertes limitaciones de recursos financieros, lo cual nos impide adquirir y producir alimentos en las cantidades suficientes; así como las materias primas necesarias para elaborar piensos, se impone sembrar muchas más áreas de yuca, a fin de utilizarla en la alimentación humana y animal», reconoce el doctor Rodríguez Morales.

Indica que aunque en los últimos años se ha dado un fuerte impulso a la cultura de sembrar ese tubérculo, tal esfuerzo resulta insuficiente, al igual que la propagación de las mejores experiencias y variedades, que permitirían obtener mejores cosechas y mayores rendimientos.

En ese sentido, resulta loable el trabajo del Inivit en la extensión de clones capaces de mitigar los efectos del cambio climático; enfrentar plagas y enfermedades, a la vez que facilitan cosechar un mayor número de toneladas por hectáreas, valora el científico.

De las más de 500 variedades con que cuenta la institución científica villaclareña, entre las más extendidas figuran la CMC-40, Inivit Y-93-4, Señorita e Inivit y 2013, expone el doctor Rodríguez Morales, quien añade que utilizar esos clones permite obtener mayores rendimientos en menor área de cultivo, lo que también ayuda a paliar el déficit de fuerza de trabajo en el campo.  

Entre las características de esta planta, que la hacen insustituible en los tiempos actuales, el Director del Inivit menciona su resistencia a la sequía; la posibilidad de ser cosechada durante todo el año si se utiliza una estrategia varietal que incluya el empleo de clones de ciclo corto, medio y largo, y su potencial para ser consumido tanto por humanos como por animales.

Destaca el beneficio que puede reportar al utilizarse como forraje, para lo cual se deben sembrar entre 40 000 y 50 000 plantas por hectáreas, las que pueden generar, solo en el primero de los tres cortes que se le dan, 30 toneladas de masa verde, la que aporta un 21,6 % de proteína; además de la yuca.

Acerca de la semilla, expresa que lo correcto es, primero, prepararla, y después cosechar la planta. «Se cortan las ramas primaria, secundaria y terciaria, y luego es que sacas el tubérculo. De hacer lo contrario, se estaría expuesto a perder hasta un 50 % de la simiente».

Para combatir las plagas y enfermedades que afectan a ese cultivo, su recomendación es clara: nunca aplicar pesticidas, porque controlan la plaga, pero eliminan también a sus enemigos naturales, ante cuyo dilema lo correcto es emplear medios biológicos, como el Trichogranma y el Bacillus thuringiensise, los cuales se pueden producir en los centros de reproducción de entomófagos y entomopatógenos.

EL DILEMA DE LOS ALTOS RENDIMIENTOS

Eso de que la yuca da un rendimiento promedio de diez o 12 toneladas por hectárea no va con el porcicultor placeteño Orelvis Peñate, quien hace rato obtiene en su finca 50 toneladas en la referida cantidad de tierra.

Tal resultado lo exaltó Salvador Valdés Mesa, vicepresidente de la República, quien visitó la posesión del campesino de Villa Clara en fecha reciente, poniéndolo como ejemplo de lo que puede lograrse cuando se utilizan bien los logros de la ciencia y la técnica.

Al respecto, Peñate revela que esa enseñanza la aprendió del Inivit, y de una visita que realizó a Colombia, donde vio cómo los labriegos de aquel país sembraban sobre canteros de unos 25 centímetros de altura en forma de meseta, no de pirámide.

Dice que, en su caso, él prefiere plantar la semilla de forma manual, y aporcar con bueyes, para preservar mejor las plantaciones y los canteros. Respecto a las variedades que utiliza, menciona la Inivit Y-4, que usa en la alimentación de los cerdos, la cual muestra los mejores resultados, aunque también siembra el clon Señorita y otros para el sustento de la familia.

Sobre el empleo de abonos o pesticidas, aclara que prefiere la materia orgánica, que produce en su propia finca; así como el empleo de los métodos biológicos.